Los gitanismos en el habla de los cubanos

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Los gitanismos en el habla de los cubanosEl fenómeno de la inmigración española a Cuba trasciende hasta hoy. Con facilidad se reconocen hechos y personalidades históricas vinculadas a la historia nacional, pero en escasas ocasiones se estudia la impronta de la lengua de los inmigrantes en el habla de los cubanos. Asombraría a muchos investigadores conocer cuántos vocablos continúan usándose en la actualidad con sus acepciones originales, es decir, tal y como las recibimos del Viejo Mundo. Entre ellos sobresalen muchas voces gitanas aún muy difundidas.Sin embargo, la presencia de los gitanos en Cuba fue muy escasa y no se debe precisamente a la inmigración. Algunos grupos trashumantes estuvieron en Cienfuegos y Santiago de Cuba, pero su permanencia duraba tan poco tiempo que se estimaba como inusual y poco común. Incluso, la mayoría de los gitanos que llegaron aquí tenían procedencia extrapeninsular.

La lengua de los gitanos se conoce como caló, zincaló o romanó. En el libro “Epítome de gramática gitana” aparece “[…] el lenguaje familiar de los gitanos españoles tiene la misma estructura, alfabeto, ortografía, y demás estructuras gramaticales que el castellano […]”. (Sales; 1869: 49 citado en Valdés; 1994: 86)

Los gitanismos están presentes sobre todo en el habla popular, ya sea en el vocabulario delincuencial o en los practicantes de los cultos afrocubanos. Sin embargo, algunas palabras como furnia o garito continúan asociándose en gran medida a la lengua culta. Hasta nuestros días se extienden palabras que conservan el mismo significado de entonces, entre ellos acurdar por “emborrachar. Belén es usual encontrarlo como nombre de mujer que además significa “alboroto, confusión, amor, enredo”.

Los jóvenes, incluso universitarios, utilizan palabras como berri o berro para denominar un “berrinche o acceso de cólera”. Igual sucede con curda (“embriaguez o borrachera”), chota (“soplón, burlón”), chusma (“muchedumbre de baja categoría”), jamar (“comer”) y chiva o chivato (“soplón, delator”). En sectores sociales de poco nivel cultural es común el uso en tonos despectivos de voces como jeta (“cara”), pirar (“ir, andar a alguna parte) o mangar (“pedir, estafar, mendigar”).

Cuando se habla en términos menos ofensivos se utiliza coba (“halago o adulación fingida, usada insistentemente”), chaval (“joven de edad temprana, mozalbete”), chiringa (“papalote pequeño”), jarana (“fiesta”), chamullar (“hablar”) y menda (“yo”). En la música popular bailable suele emplearse sandunga (“gracia, donaire”) y changüí, pero este último no se utiliza con las acepciones de “broma o engaño”, más bien se identifica con un ritmo musical. En tanto, el original chapatalear (“nadar”) pudiera ser lo que ha llegado hasta nuestro días como “chapoletear”.

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