Agua para pasajeros

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La niña y el agua

La niña y el agua

En ese lugar de Cuba, Aguada de Pasajeros, nací yo. Aunque para algunos, no sea precisamente el poblado más hermoso de Cienfuegos, su prosperidad y su gente atraen de peculiar manera al visitante.

 

En el año 1700 era apenas una comarca llamada Nuestra Señora de Belén. Sin embargo, existía aquí un pozo de agua cristalina donde saciaban la sed los viajeros que pasaban por el lugar. Un señor de la época, Don Gervasio Tió, se percató del suceso y entonces, concibió la idea de establecer una fonda o posada. Así surgió la primera casa del poblado, denominado luego Aguada de Pasajeros.

La fundación del municipio aconteció el 9 de abril de 1921. Entre los años 1919 y 1931 se formó a partir de barrios segregados del municipio de Cienfuegos. Perteneció a la provincia de Santa Clara hasta 1976.

 

En septiembre de 1895 ocurrió en esta localidad el Combate de Galeón. Del enfrentamiento entre tropas mambisas y españolas, las foráneas cargaron con la derrota. El 26 de diciembre de ese mismo año, durante la Invasión de Oriente a Occidente, Máximo Gómez y Antonio Maceo estuvieron en una zona de este municipio conocida como “El Indio”.

 

La mayoría de los aguadenses se dedica a la agricultura. Si bien es la Tierra del Oro Blanco por sus enormes producciones de arroz, la siembra de caña también sobresale. En 1902 se construyó el Central Covadonga, en la actualidad existe acompañado de fábricas de torula, fertilizantes, ron, entre otras, y en 1905 aparece el Central Perseverancia, hoy en total desuso. Hasta el municipio han llegado personalidades de la cultura e historia cubanas como el líder Julio Antonio Mella, el doctor Gustavo Aldereguía Lima y el sindicalista Jesús Menéndez.

 

A Aguada debo mis primeros años de vida, felices y apacibles, pero también le debo las cosas que jamás conocí porque en Aguada nadie encontrará un derroche de cultura, ni una librería repleta de personas. Apenas unos pocos trovadores y escritores insisten en buscar inspiración en sus remotos parajes, a veces sin mucha suerte. Pero cada pueblo tiene una historia y un encanto y como diría mi madre, quien no quiere a su tierra, no quiere a nadie.

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