Volverse doméstica

Estándar

Mujer bordadoraYo no sé cuánto de cierto encierra la frase: ¿puede acaso una mujer convertirse en doméstica? o ¿estaremos hablando de otro rezago del machismo y las antiguas costumbres?
Las mujeres de hoy no somos aquellas recatadas señoritas de faldas largas y cuellos altos todo el tiempo. Trabajamos mucho, aportamos novedosas ideas, tenemos una vida social; pero qué pasa si además de todo eso me gusta la costura, el tejido y las artes manuales en general.
Algunas personas lo celebran; otras dicen que eso te vuelve “doméstica”: pierdes la figura con la posición de la máquina de coser, olvidas arreglarte, te quita tiempo para otras tareas de superación intelectual. Sí, y ¿qué?
No creo que todo el mundo tenga que pasar por una Academia de Artes Manuales como exigían antes y para ser una buena madre tampoco es necesario saber bordar, tejer y remendar; mire, eso me parece una soberana tontería.
Pero si lo hago simplemente porque me gusta, porque me apasiona tanto como el periodismo, porque pone mis ideas a flotar, a innovar… eso no me convierte en afanada al hogar, no limita mi condición de profesional.
Todavía nos falta a muchos cubanos desaprender las fronteras: que uses una saya corta no te hace prostituta, que elijas un tatuaje no te convierte en ex convicta y, en el caso más absurdo, que te guste la costura no te vuelve doméstica.

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